When I was young, I believed that studying God’s Word was boring; an activity for dying old people. One day I was invited to visit a church where the preacher was so boring, that it was only a couple minutes before I was yawning. It was years later, after I had begun my walk with Christ, when I realized that the problem had not been the Word of God, but rather the person who had done such a horrible job of teaching it. In light of this, I am so thankful that I was saved in a semi-Pentecostal church, where the leadership presented the Word with such passion and power. No matter how tired you were, it was impossible to be bored. The problem, however, was that sometimes the teaching was just emotion; I think that sometimes the teaching really lacked Biblical content. It was when I arrived here at the Bible College that I finally learned the balance between the two types of
I found the key to this in 2 Timothy 3:16, which says, “All Scripture is inspired by God”. The Greek word for inspired literally means breathed by God; referring back to Genesis 2:7, when “[God] breathed into his nostrils the breath of life”. Paul also tells us that we are Christ’s ambassadors, and that when we preach the Word of God we are sharing God’s breath of life. He tells us that if we truly believe this truth, it should excite us, fill us with joy, and fill us with life. This magnifies our responsibility, our already great call to share God’s thoughts in the way that He wanted humanity to understand them. It magnifies our responsibility to transmit the emotions that God expressed through His writers. Those writers’ jobs, and ours, are without a doubt impossible when we speak in human terms. This is where the work of the Holy Spirit comes in, who equips us to share with others the sweet breath of the Creator- the Creator who makes contact between the heart desperate for life and the marvelous Redeemer.

 



 

Cuando era joven creía que estudiar la Palabra de Dios era un asunto aburrido, para abuelitos moribundos, un día fui invitado a visitar una iglesia en la que el predicador en verdad era aburrido, no había pasado más que unos minutos y ya estaba bostezando; años más tarde cuando empecé a caminar con Jesús me di cuenta que el problema no residía en la Palabra de Dios, sino en el portador que había hecho un pésimo trabajo en su exposición, y aquí es donde le doy gracias a Dios que me salvo en una iglesia semi-pentecostal, una iglesia que tenía un liderazgo que exponía la Palabra de Dios con mucha pasión, y mucho poder, y por muy cansado que estuviera era casi imposible estar aburrido; el problema es que a veces solo era eso, emoción, creo que les faltaba contenido bíblico, y cuando llegue al Instituto Bíblico aprendí a encontrar un balance entre estos dos tipos de expositores.

La clave la encontré en la segunda carta a Timoteo 3:16 que dice “Toda la Escritura es inspirada por Dios”, la palabra griega para inspirada literalmente significa respiro de Dios, o el aliento de Dios, y tiene la idea de Génesis 2:7 cuando “sopló en la nariz de adán aliento de vida”, Pablo también nos dice que somos embajadores de Cristo, y que al predicar la Palabra de Dios estamos exponiendo el aliento de vida de Dios, y si realmente creemos esta verdad, eso nos debe emocionar, eso nos debe llenar de gozo, eso nos debe llenar de vida; y eso magnifica nuestra responsabilidad, ya que es nuestro sublime llamado exponer los pensamientos de Dios, tal y como Él quiso que la humanidad los entendieran, transmitir las emociones que Dios estaba expresando a través de sus escritores, en verdad es un trabajo monumental y sin exagerar, humanamente, imposible, y aquí es donde entra una de las funciones del Espirito Santo, que nos capacita para transmitir el dulce aliento del Creador, Quién hace contacto real entre el corazón que necesita esperanza de vida, y el maravilloso Redentor.

 


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